El gringo que vivía en la colonia Las Delicias y tenía por nombre Ted era de cierta forma popular en el centro de Maracaibo, porque bajaba continuamente a deleitarse con las bebidas y comidas locales, prefiriéndolas a las de su tierra que servían en el Blue Book.
Su español era precario, aunque se esforzaba por mejorarlo cada vez más ya que estaba enamorado de una chica que atendía uno de los puestos de comida del mercado.
Ella lo sabía pero aunque se sentía halagada y el hombre era buenmozo, le decía a las amigas que le echaban bromas que le gustaban quemaitos y no cruos como el gringo, o sea morenos y no blancos, además prefería hablar maracucho que pitinglis,
Lo cierto del caso es que era un comensal frecuente del lugar y daba buena propina por lo que Petra, nombre de la joven, siempre le ganaba en velocidad a Carmen, la otra mesera, y al verlo llegar dejaba todo y se iba a estampar su sonrisa al gringo, al que todos llamaban Teo.
Por su parte él siempre comía lo que ella le recomendaba y ese día 28 de diciembre, le había llevado un regalo de navidad que ella se resistió a recibir pero que tanto su compañera como la dueña del negocio convencieron para hacerlo.
Lo primero que pidió fue un café, que se lo tomó frunciendo el ceño, extrañado ante el sabor salado del mismo mientras que de reojo Petra contenía la risa.
Luego vivo el turno de la sopa de fideos que era el plato de entrada.
La misma cara del que vive y siente un poema de dolor o la muerte de un ser querido ante el agregado de vinagre que la joven echó.
Finalmente y todavía el gringo sin protestar le tocó al plato principal o seco como le dicen en la ciudad, el cual era pescado frito, bocachico sin espinas para ser exactos, al que la traviesa joven en lugar de sal le puso azúcar.
Esta vez el hombre aguantó un rato mientras masticaba el pez y mirando a todos lados buscó a la joven que riéndose de sus travesuras se escondía fuera de su vista.
Al no verla le hizo una seña a Carmen y esta se le acercó.
-¿Poder llamar a Petra?
-Sí.
Se alejó y antes de llegar al lugar donde ella estaba le gritó.
-Petra, te llama el gringo, te va a asesinar.
Ella salió del lugar donde estaba y se acercó al hombre, quien al tenerla cerca solo pudo murmurar.
-¿Qué pasar a la comida hoy? Sabores extraños.
Ahora si reventó la muchacha en una carcajada ante la confusión del gringo.
-Hoy es día de los inocentes y acá hacemos bromas.
-¿Es broma?
-Sí, tranquilo no te las voy a cobrar, ya las pagaste con esa cara.
-No haber problema, yo pagar. ¿Puede traer agua y café sin sal?
Al llegar al lugar donde las otras dos mujeres la esperan, dice:
-Ahora si me caso con el gringo.


Hola muy buena tu historia. Gracias por ser parte de la comunidad, mostrandonos tus linda historia