Arruinado

J

 

Me levanto en la madrugada, estoy desvelado.

Entro a un chat para matar el tiempo y un  grupo de personas exaltadas repiten constantemente palabras como “Esto es la ruina” “Estoy arruinado”

Después de saludar pregunto de que hablan y me dicen que tienen invertido una gruesa suma de dinero en una criptomoneda llamada Steem y esta se ha venido estrepitosamente a la baja.

Recuerdo el escándalo de la bolsa de hace algunos años y sigo indagando, ahora curioso, sobre el tema pero hay pocos que desean responder por lo que aplico lo del viejo adagio, “si no puedes contra ellos únete” y digo que yo también estoy preocupado porque tengo hecha una inversión millonaria en dicha moneda.

Como si hubiese practicado un acto de magia, todos me bombardean de preguntas y yo como puedo logro zafarme de ellas pero algo comienza a inquietarme.

¿Podré quedar arruinado si no sube el precio de la moneda?

Con los minutos se suman voces esperanzadoras que dicen.

-Ya está subiendo.

En verdad su valor se ha incrementado unos centavos.

Me levanto y me tomo una taza de café sin azúcar para bajar el estrés y vuelvo al novedoso mercado que se ha convertido el chat.

-Yo como tú estaría al borde del suicidio –dice una

-Vende antes que lo pierdas todo –me aconseja otro

-¿A cuánto compraste? –indaga un tercero.

-A 10 dolares –le respondo.

-Imagínate y está a 5 y bajando, ya has perdido la mitad de tu inversión.

De repente todo se me viene encima.

Activo la calculadora y me pongo a hacer cálculos de la cantidad de dinero que se me ha ido al retrete por culpa de un rumor que es lo que está propiciando el bajón.

Se me hace un nudo en el estómago.

La cantidad es mayor que un año de mi trabajo.

Me siento desplumado en casino tramposo.

Sin dudas me hará falta una toma de valeriana si continúa bajando el costo de la moneda.

-Ya dejó de bajar –escribe uno.

De repente aparece un nuevo integrante en el chat y me escribe.

-Te compro todos los que tengas a 8 dólares.

Hago un rápido cálculo y pienso:

“Solo voy a perder el 20%, los venderé”

Es en ese instante que me percato que yo no poseo ninguna de esas monedas, que de paso ni siquiera conozco, y que me he dejado llevar por el ritmo de las conversaciones.

Me levanto y tomo otra taza de café sin azúcar.

Mejor me voy a dormir.

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