La Plomada Perdida y el Eje del Mundo

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godman
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El viejo capataz, Elías, siempre decía que un edificio sin eje es un cuerpo sin alma. Por eso, su herramienta más preciada no era eléctrica ni ruidosa; era una pesada y pulida plomada de bronce, con un cordel de hilo de cáñamo que parecía tener vida propia. Un día, en medio del caos del encofrado del rascacielos más ambicioso de la ciudad, la plomada desapareció. La obra se detuvo. El nivel láser falló, el teodolito daba lecturas erróneas. Parecía que el edificio se negaba a subir recto sin su guía silenciosa. Desesperados, la buscaron por todos lados. Al final, Elías la encontró bajo un montón de aserrín. Al colgarla de nuevo, el cordel se tensó, el peso de bronce se detuvo y, en ese instante, el edificio recuperó su eje, alineándose perfectamente con el mismísimo centro de la Tierra. El alma del rascacielos había regresado.

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